La esplendorosa alta costura. El arte más elevado de los diseñadores de moda vive, actualmente, un cambio de rumbo hacia el lujo que un día la hizo posible. Cuando las grandes firmas como Yves Saint Laurent, Guy Laroche o Pierre Balmain, en su día grandes pilares de este sector, dejaron de presentar sus colecciones por falta de viabilidad económica, críticos y modistos no tardaron en pronosticar el fin de la llamada Haute Couture. Aunque el contexto de crisis financiera no favorece las expectativas de supervivencia, los pocos postores del sector se han levantado en contra de esta situación al grito de “c’est ne pas possible!”. Bajo el lema de renovarse o morir, los tiempos difíciles han servido para poner pilas nuevas y mejores a una industria que parecía vivir en la nostalgia de un pasado mejor.
Las fieles maisons como Christian Dior y Chanel nunca han permitido que un arte con tanta historia, y tan preciado, se doblegue ante el vaivén de los tiempos. Otras, como Versace o Givenchy, que en su día abandonaron las pasarelas de la alta costura, o recientes incorporaciones, como Armani Privé, han retomado su confianza presentando colecciones con menos dosis de espectáculo y más tomas de realismo. Este nuevo escenario, junto a una Chambre Syndicale de la Haute Couture (Tribunal Supremo de lo que es y no es alta costura) levantando sigilosamente sus barreras, ha ayudado a que diseñadores como Bouchra Jarrar o Alexis Mabille, sin un estricto savoir faire a sus espaldas, se hayan hecho un hueco en la prestigiosa agenda de la alta costura parisina.
Sin abandonar nunca la estricta esencia de la artesanía y la exclusividad, veteranos y nuevos talentos –que no siempre jóvenes- mueven hilo y aguja con la mayor destreza posible para levantar suspiros en el el front row y posteriores cheques en blanco. La procedencia de estos talones y la consecuente proyección geográfica de las firmas de moda han dado un cambio vertiginoso. Pocas son las damas estadounidenses o de sangre azul europea que siguen gastándose un dineral en asistir y dejarse ver durante contadas galas benéficas o exentos eventos sociales. Ahora, las mujeres de Oriente Medio se han convertido en las principales compradoras de alta costura del mundo, quienes, gracias a su creciente riqueza, están manteniendo todo el sector a base de compras estrafalarias. Para saudíes, cataríes, rusas, chinas e indias, la costura simboliza el estatus social, importando más el número de ceros de una etiqueta que la elegancia o el estilo de la prenda. Quieren bordados con brillantes, detalles de piedras preciosas y suntuosos tejidos, a la par que un estilo joven y distinguido. Está en manos de los diseñadores no caer en la fácil y saciante tentación del “más es más” para complacer –en asociación- a la estética aún poco cultivada del ‘nuevo rico’. Con paciencia, deben dar tiempo para que sea el comprador quien entienda la obra y no al revés. Tal y como explica para SPANISH V MAGAZINE Ulyana Sergeenko, la poderosa diseñadora rusa que ahora ha presentado su primera colección Haute Couture: “Los rusos se dieron a conocer por el amor que sentían -y sienten- por todas las prendas que llevan un logo estampado o brillantes, pero esto era cuando el lujo en nuestro país era algo nuevo. En la actualidad los rusos se han espabilado. No hay más que mirar a los fashionistas, editores, modelos y diseñadores. Cada vez hay más y más nombres rusos asociados al buen gusto”.
El reto de las casas de moda no es otro que mantenerse sobre la exigente pasarela de la alta costura manteniendo el tipo y complaciendo a hambrientos. Los diseñadores, ahora, han renovado estilos y ampliado horizontes para revivir una artesanía que parecía jubilada. Y es que con mucho trabajo y cantidades de confianza, nunca es mal momento, ni demasiado tarde, para recuperar el arte.
Desde SPANISH V MAGAZINE, hemos querido homenajear a la alta costura interpretando, con estas exclusivas ilustraciones, la estética y sentimiento de las colecciones otoño/invierno 2012 de las más grandes casas de moda. Ignasi Monreal ha realizado un minucioso trabajo brindándonos estos increíbles dibujos a la altura de quienes representan:

Valentino La pareja de diseñadores Maria Grazia Chiuri y Pier Paolo Picciol transmitieron la sensualidad de la noche con una colección a base de tejidos volátiles, transparencias y bordados para insinuar siluetas muy femeninas. No faltaron los vestidos al rojo Valentino.

Chanel Karl Lagerfeld presentó una colección con el mítico, aunque renovado, estilo de la maison francesa: tweet en trajes de falda y chaquetas. Los vestidos largos aportaron la sofisticación al desfile, que finalizó con un delicado vestido de plumas blancas portado por una Lindsey Wixson de lo más aristócrata.

Armani Privé El italiano Giorgio Armani añadió un toque de estilo parisino, con boinas incluidas, a su colección de alta costura. Líneas sencillas en trajes chaqueta, pantalones anchos y blusas que se avivaron con lentejuelas, terciopelo y tonos pastel.

Jean Paul Gaultier Solo el enfant terrible de la alta costura puede presentar a un provocador Andrej Peijic enfundado en un corsé sin caer en lo grotesco. La colección, a golpe de cuero, gasas plisadas, terciopelo y mucho negro, recreó la osadía de los cabarets de mediados del siglo XIX con prendas diseñadas para mujeres seguras de la sensualidad de sus curvas.
Ilustraciones Ignasi Monreal