




Tras “Citas neoyorquinas. Primera parte” me he visto deliciosamente obligada a experimentar las sensaciones más placenteras (¡y exclusivas!) disponibles en infinidad de lugares salpicados por todo Manhattan. Si disparar armas en un campo de tiro, comer hamburguesas grasientas y adentrarse en un mercado rebosante de pescado fresco en Chinatown no te convence te invito esta vez a visitar los mejores rooftops, clubs y shopping places de la isla.
En escasamente un mes y medio no sólo he pasado de ser una “chica Downtown” a una “chica Uptown”, sino que en estos momentos me dispongo a adentrarme en Midtown, concretamente en poco más de una semana. Lo que yo calificaría como una “verdadera experiencia neoyorquina”. Dos semanas en el Soho, cuatro en el Upper East Side y cuatro futuras semanas entre Midtown y la zona baja de Central Park me permitirán expandir mis horizontes en cuanto a fiestas de lo más glamurosas, gastronomía de lo más dulce y compras que rozan lo prohibitivo.
Pocas cosas fueron prioritarias para mí al aterrizar en Nueva York además de la terrible búsqueda de apartamento. Sin embargo, una de ellas fue poner Manhattan a mis pies para así convencerme de que no sólo tenía por delante tres meses de duro trabajo sino también de experiencias increíbles. No pude elegir mejor: 230 Fifth puso Manhattan a mis pies pero también cientos de sueños en mi cabeza. Se trata de uno de los rooftops más grandes de Nueva York, con mejores vistas —el Empire State Building aporta gran parte de la iluminación— e incluso con “batamantas” de franela en color carmesí para las frías noches de otoño (es de admitir que quizá esa sea la parte menos glamurosa). Un ambiente selecto, infinidad de bebidas y una sala cerrada para bailar ponen la guinda a una cita propia de película americana.
Mi cita con la gastronomía dejó a un lado esta vez la autenticidad de la comida rápida para disfrutar de los placeres del servicio en Nueva York —donde normalmente te atenderán unas cinco personas diferentes en cada comida—. Uno de los lugares recomendados para chuparse los dedos (¡siempre figuradamente!) a la par que respetar el bolsillo es Cafeteria, en la Séptima Avenida, especialmente para el típico brunch de fin de semana. Degustar un enorme plato de pollo al limón sobre un acolchado de gofre con sirope de arce roza lo delicioso, a la par que lo extraño. Pero rematar el brunch con Oreos fritas es otro nivel. Por eso es fácil convertirse en adepto una vez te adentras en el exótico mundo de los inventos culinarios, y con más motivo al descubrir que se trata de un local 24/7, es decir, abierto 24 horas al día, siete días a la semana. Parada obligatoria.
Y en cuanto a compras, pasé de visitar los mercados de Chinatown a sumergirme en la exclusividad de la Quinta Avenida, donde tuvo lugar una de mis citas más chics. Culminé una mañana de window-shopping en Bergdorf Goodman, los grandes almacenes que recientemente celebraron su 111 aniversario en uno de los hoteles más prestigiosos de Manhattan, el Plaza. Podría daros cuatro pinceladas sobre la atmósfera que pude respirar en tan solo la planta de calzado: chica de unos veinticinco años probándose un par de Christian Louboutin con su chihuahua, blanco como la nieve, observándola en el regazo; madre e hija ayudándose mutuamente repartiendo el peso de sus compras, y novios y padres asesorados por un amabilísimo personal sobre qué modelos gustarían más a las mujeres de la casa. Curiosamente, como en el campo de tiro de la primera semana, tuve que morderme la lengua para aguantar las lágrimas. Esta vez no sé si de felicidad o de pura aflicción.